Por Andreu Böîg
Desde el pasado 23 de Noviembre, Madrid se ha vestido al más puro estilo pop-art gracias a la inauguración de la exposición “Warhol sobre Warhol” en la Casa Encendida de la Obra Social de Caja Madrid, con motivo de su V Aniversario.
Estrella de Diego, comisaria del proyecto, nos explica qué veremos en este espacio reservado al icono del arte pop. Habla de que “una de las primeras metas de la exposición” es dar a conocer las “diferentes técnicas en las cuales trabaja Warhol (...) enfatizando a través de las repeticiones de imágenes en los diferentes formatos la fórmula narrativa de Andy Warhol, su manera de narrar el mundo a través de la cámara, la foto, la foto cosida, las Polaroids, los fotomatones, el cine, las “pinturas”. 'Warhol sobre Warhol' aspira a mostrar un Warhol no tan conocido por el público español; un Warhol que a cada paso (...) va cediendo la autoría a cualquiera que esté dispuesto a mirar: usted mismo”.
La exposición, que estará abierta todos los días de 10 de la mañana a 10 de la noche entre el 23 de Noviembre hasta el 20 de enero del 2008, presentará unas 200 piezas, algunas expuestas por primera vez al público, y la mayoría cedidas o prestadas por particulares, galerías e instituciones.
Pero no sólo podremos disfrutar de Warhol en la Casa Encendida, pues, a parte de las obras del chico del pelo platino, podremos disfrutar de obras de artistas como Richard Avendon, Cecil Beaton, Christopher Makos, Robert Mapplethorpe, Dune Michals, Ugo Mulas o Helmut Newton, entre otros.
Para ayudar a tener una mejor comprensión de lo que Warhol ha siginificado para el arte moderno del siglo XX, la exposición se completa con un ciclo de documentación audiovisual. Un ciclo de cine llamado “Acerca de Andy Warhol: Documentos, Retratos y Documentales” y la proyección de 22 cintas del artista como “Sleep”, “The Chelsea Girls” o “The Velvet Underground and Nico”.
Éste último nombre a muchos les sonará, The Velvet Underground, el grupo de rock liderado por Lou Reed que hizo las delicias de los amantes del rock urbano alternativo de los años 60. Por estas épocas, Warhol era ya todo un icono moderno, un gurú del arte pop, de las performances, del arte vanguardista.
Andy decidió abrir un local a mediados de los sesenta al que decidió bautizar como “The Factory”. Warhol abrió este espacio con el pensamiento de que él era una máquina, y de que este lugar debía convertirse en un lugar donde el arte se creara de forma sistemática y sin pausa. Se trataba de un “espacio permisivo, una impostura circense con intencionalidad comercial” donde Warhol expuso su “pasión por el coleccionismo de personas”.
“The Factory” era un loft en la calle 47 Este de Manhattan dedicado a la bohemia, a la controversia, a la creación y a la imaginación; una fábrica de ideas , todo un amalgama de sueños que encajaba perfectamente en el ambiente neoyorkino que apelaba a la contracultura a través de un vanguardismo de celebridades urbanas impregnadas en el suave aroma de las drogas psicodélicas.
Andy Warhol era pintor, grafista, dibujante, fotógrafo,cineasta, empresario, estrella mediática, un referente de la vanguardia...pero le faltaba algo para convertirse en un auténtico gurú de la modernidad, le faltaba extender su ingenio al explosivo ambiente neoyorkino del Rock, el claro referente cultural en el ideario juvenil de aquellos años.
Buscaba la banda sonora que complementara sus psicodélicas obras audiovisuales, y el instrumento ideal para conseguirlo fué el descubrimiento, en el Café Bizarre, de la banda de Lou Reed, que oponía su poesía urbana acerca del sexo y las drogas con el también influyente poder del amor hippie. Su estilo es tosco, grave, repleto de sonidos estridentes, pero también de bellas, maravillosas y siniestras letras, la mayoría escritas por Reed. Incluyeron influencias avant-garde en sus canciones, especialmente el ruido de guitarras que los hizo definir el uso del noise dentro del rock, aunque muchos les consideren como auténticos precursores del punk.
Cuando Warhol consiguió sacarles del ambiente underground para instalarles en la Factory, decidió que debían contar con una voz femenina y rebautizó al grupo con el nombre de “The Velvet Underground and Nico”. ¿quién era Nico? Una voluptuosa y bella modelo alemana que había participado en La Dolce Vida de Fellini y que era la candidata pensada por Warhol para poner voz femenina al “terciopelo suburbano”, lo que molestó sobremanera al lider del grupo, Lou Reed y a su guitarra, John Cale, que sentían como de repente se le iba el control sobre su propio grupo.
La Velvet nunca consiguió un éxito comercial arrollador o comparable a otras bandas de rock como The Doors o The Jimi Hendrix Experience, pero se ha convertido en uno de los grupos más influyentes del rock y posee un extenso culto. Lo que demuestra que el éxito comercial es tan sólo la aprobación de tu obra por parte de los poderosos, y que deben existir muchísimos grandes artistas que, pese a no gozar de todo el bombo y platillo de los artistas radio-fórmula, no cejan en su empeño de crear una música original y pura, dentro de ambientes donde sentirse plenamente libres, sin directrices comerciales.
Como la Velvet y su Café Bizarre, en Madrid deben existir artistas ocultos en lugares encantados, salas de música poco conocidas, donde el próximo Lou Reed hace las delicias de los pocos afortunados que hayan decidido escoger la música pura, sin limitaciones, de gran calidad y sinceridad, a la prefabricada en los laboratorios discográficos cuyo único fin es el de vender más y más discos. Y es que la Cultura, si deja de tener como fin la emoción, el diálogo con los sentimientos, la empatía, el acercamiento sincero y directo del artista al público o la plena libertad, para dejarse llevar por el encantamiento de la industria, deja de ser cultura para convertirse en mercancía, que luego sociedades de autores se encargan de aprovechar y de destrozar aún más con sus tropelías insquisidoras, no dejando disfritar del arte musical a quién le plazca.
En fin, viva La Velvet, la noche madrileña, la psicodelia y la cultura libre.



